sábado, 14 de agosto de 2010

¿Quién es está mujer?


¿Quién es esta mujer que vive en mi corazón, la siempre triste? La pretendí pero no la gané.

La adorné con guirnaldas y canté en su alabanza... Brilló un momento una sonrisa por su cara, pero al punto se desvaneció.

Y me dijo, llena de pena: "No está mi alegría en ti".


Le compré ajorcas enjoyadas; la abaniqué con abanicos recamados de diamantes, la acosté en una cama de oro... Aletearon sus ojos con un relámpago de alegría, pero al punto se apagaron.

Y me dijo, llena de pena: "No está en estas cosas mi alegría".

La senté en un carro de triunfo, y la paseé por toda la tierra. Miles de corazones conquistados se humillaron a sus pies, y las aclamaciones resonaron por el cielo... Un momento lució el orgullo en sus ojos, pero se deshizo en lágrimas.

Y me dijo, llena de pena: "No está mi alegría en la victoria".


Le pregunté: "¿Qué quieres, entonces?" Y me dijo: "Espero a uno que no sé como se llama". Y calló.

Y los días se le pasan diciendo, llena de pena: "¿Cuándo vendrá mi amado desconocido? ¿Cuándo lo conoceré para siempre?"


La Cosecha. Rabindranath Tagore.

¡Ya no podré pagarle!


¡Ya no podré pagarle a ella todo lo que me dio! ¡Su noche tiene ya mañana, y Tú te la llevas en tus brazos! ¡Toma Tú este agradecimiento y estos regalos que traía para ella!

¡Perdón por todo lo que pudo dañarla y ofenderla en mí! ¡Coje, y hazlas tus esclavas, estas flores de mi amor, que no florecieron cuando ella esperaba que floreciesen!

La Cosecha. Rabindranath Tagore.

El día que nos separa.


El día, que nos separa, nos saluda a los dos por última vez, y se va: y la noche se echa el velo por su rostro, y guarda la única lámpara que arde en mi alcoba.

Tu esclava oscura viene, y tiende callada la alfombra nupcial: y tú te sientas sola conmigo, en silencio, hasta que muere la noche.

La cosecha. Rabindranath Tagore.

En el relámpago.


En el relámpago de un instante, he visto en mi vida la inmensidad de tu creación; de tu creación entre mil ruinas, de mundo a mundo.

¡Qué llanto de indignidad cuando miro mi vida en manos de las horas locas! Pero cuando la veo en tus manos, comprendo que es demasiado preciosa para ser malgastada en la sombra.

La Cosecha. Rabindranath Tagore.

Mi lecho ha sido.


Mi lecho ha sido la pesadumbre, y los ojos se me caen. Y me pesa el corazón, sin ganas todavía de salir a la atropellada alegría de la mañana.

¡Corre un velo sobre esta luz desnuda; llama a ti este agrio resplandor y esta vida danzadora! ¡Y que la tierna sombra de tu manto me ampare, y guarde mi dolor del golpe del mundo!

La Cosecha. Rabindranath Tagore.

Me dijo la Nube.


Me dijo la Nube: "Me voy". La Noche: "Yo me echo en la hoguera de la aurora". El Dolor me dijo: "Yo me quedo, como la huella de su pie callado".

"Yo me muero llena", me dijo mi Vida.

La Tierra me dijo: "Mis luces te besan, en todo, tus pensamientos". "Pasan los días", me dijo el Amor, "pero yo te espero".

Me dijo la Muerte: "Yo voy remando en tu bote, por el mar".

La Cosecha. Rabindranath Tagore.

La Tierra Permanece.


Y tuya será la gloria, pues en el amor de la vida tu rostro brilla de tal modo que borra las tinieblas, y el miedo de la muerte. Eres Demeter, Hertha, Isis; Cibeles de los Leones, y la madre Montaña. De tus hijos nacerán las tribus, y de tus nietos las naciones. Tu nombre es la Madre, y serás bendita.

Habrá otra vez cantos y risas. Los adolescentes se pasearán por las praderas; los jóvenes saltarán los arroyos. Los hijos de tus hijos serán tan numerosos como los retoños de los pinos en la falda de la montaña. Serás bendita, pues en las horas oscuras tu rostro estará vuelto hacia la luz.

La Tierra Permanece. George R. Stewart. (1949)

sábado, 7 de agosto de 2010

Colores.


Un viento suave, y circular acarició los contornos de sus vestidos, estos danzaron sin timidez aparente alrededor de su cintura. Ella sonreía. Hace mucho que no caminaba bajo una tarde soleada. Hace mucho ya que no reía bajo el sol.

-¿Qué te sucede? ¿Por qué sonríes?

-¿Acaso debe existir algún motivo para que lo haga? Sólo mira a tu alrededor. El viento sopla pronunciando sus consejos a un mundo donde solamente las sabias hojas de los arboles suelen oír, el sol brilla dando seguridad a los diminutos seres para salir de sus madrigueras y alimentarse, además, estas tú. Tú estas a mi lado, tal cual siempre quise y soñé. ¿Acaso existe algo más importante? ¿No te parece suficiente para sonreír?

-Sí, tienes razón -el sol dejo caer un rayo de luz verde sobre su rostro dando énfasis especial a un par de misteriosos ojos negros- es suficiente para sonreír, más que suficiente.

-Así es ¿pero sabes? hay algo que siempre me ha inquietado.

-¿De qué se trata?

-¿Por qué motivo nuestro sol es verde y nuestro cielo anaranjado? -Un destello verde de luz arropó con cuidado la figura de una flor triangular que cantaba sobre el suelo-.

-¿Es que no lo recuerdas? Hace cinco años los científicos descubrieron que la tonalidad, tanto del sol como del cielo, eran las causantes del extraño comportamiento de la humanidad. Aquel cielo azul era el que producía las mentiras en el cerebro de los seres humanos, aquel cielo era el causante de las promesas de amor a la ligera, las peleas, el engaño, la ira y la brutalidad. Mientras que aquel amarillo sol provocaba miedos y prejuicios en nuestros corazones, temor al futuro, a ser sinceros y a lo desconocido, temor a ser llamados locos o extraños, temor a amar y a decepcionar, al igual que ese enorme temor a que nos decepcionen.

-Afortunadamente con estos colores ya no sentimos eso. No obstante, hay momentos en los que aún me siento algo triste.

-No te alarmes, nuestros científicos se encuentran trabajando para solucionarlo, para que olvidemos pronto todo eso.

-Me gustaría que descubrieran pronto un nuevo color para el cielo. Un color que me haga olvidar la nostalgia por el sol amarillo y el cielo azul.
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