lunes, 28 de febrero de 2011

Vanidad de vanidades...


-"Vanidad de vanidades... todo es vanidad".

Sus ojos, fatigados ya por lo observado, por lo vivido. Una busqueda constante. La busqueda de aquel algo, la génesis de aquella interrogante, que al parecer, no posee respuesta.

-Las noche es seguida del día, el día es seguido por la noche. Las estrellas salen, el sol se asoma. Todo a su tiempo... todo pasa y vuelve a ser. Las obras, bajo el sol se realizan, y bajo el mismo sol son olvidadas. No hay memoria.

Solo suspiró. Sólo un suspiro en medio del silencio, un momento, que como el resto bajo el sol, caería, tarde o temprano, en el olvido.

-He buscado sentidos, he rehuído situaciones, he olvidado, he intentado olvidar, he intentado ser recordado. He intentado y en intentos se me ha ido la vida.

Calló. El silencio lo cubrió todo. Como si una gran mano se cerrará, el silencio, golpeó sus palabras alejándolas, llevándolas hasta donde nunca más serían vistas, para luego desempolvarlas y ubicarlas en los labios de algún otro acongojado.

Aquella noche la luna no lograba sonreir.

Sus miedos, todos ellos. Sus múltiples inseguridades parecieron desfilar ante sus ojos, burlándose de su vida y de su ser, de su ser y de su vida.

-¡Basta!

El silencio, nuevamente. Y él solo, siempre solo.

Desesperanza.


Aquella mañana de Octubre el sol pareció haberse levantado con el mejor de los animos. Bien por él, yo estaba destrozado. La vida parecíame cada vez más rutinaria, fatigosa, e indolente. Mi ser no tenía la más mínima energía y no me hubiera levantado de la cama por nada, sin embargo, sabía que debía levantarme ya que de lo contrario debería hacer uso de alguna excusa y no me agrada mentir. Salí de mi casa, sin energías, sin fuerzas, pero salí.

Las gentes se movían ante mis ojos como manchas borrosas, yo, por momentos, los observaba a los ojos buscando algun indicio, alguna llama, algun fuego del cual careciera mi alma y que me hiciera sentir así, mientras que en otras instancias apartaba mi vista de ellos imaginándome que sentían en su interior, que los movía y motivaba, que hacia que salieran de la comodidad de sus sueños o el terror de sus pesadillas hasta un mundo real, que muchas veces, resulta mucho más cruel e indeferente que nuestros pensamientos más macabros. Es increible, pensé luego, cada uno de aquellos entes es un mundo independiente al mio, con sus problemas, afanes y miedos, es increible además, que todos nuestros pensamientos macabros hayan sido ya concretados por alguien. Imagine un bebe descuartizado, incineré a un anciano en mi mente, corte las alas de la libertad, el fin justifica los medios...

¿Qué me falta? ¿O quizá me sobra algo? La mente, el cuerpo, el ser humano. El conjunto. Nuestra máquina, frágil y perfecta. Cualquier tipo de variación en nuestro interior da lugar a una serie de reacciones, que pueden ser ya sea positivas o negativas. Así mismo es la vida pensé. Sentí la desesperanza del mundo a mis espaldas. Cada acción produce una reacción, cada variación genera un cambio. Hay días en los que desearía cambiar las leyes que rigen el mundo, hay días en los que deseo el poder para hacerlo. Pero al igual que todos, estoy atado, y sólo me queda seguir por los caminos que me dicta el deber. Aquel día comprendí en parte las ansias de Lucifer.

Allí fuera, aqui fuera, al igual que yo, muchos sólo se mueven por inercia, impulsados por un afán iluso de que algo suceda, se mueven y viven por ese algo que esperen llegue de una vez por todas mañana, y cambie su vida. Yo, lamentablemente, he visto como mis esperanzas se adormecen a través de los años, como mi corazón se endurece, como mis sueños se marchitan. Aun el saber que existen otros tantos como yo no logra mitigar mis propias penas.

Suspiré. Ya había avanzado lo suficiente y era hora de trabajar. Di un nuevo supiro, nada había, una vez más. Todo vano, sin sentido, perdido. Un vacío enorme, un ahogo en el corazón, un nudo en la garganta. Un ciclo y otro, y la vida igual de desdichada. Un ciclo y otro, y la vida igual de desdichada. Un ciclo y otro, y la vida... Sin embargo, nada podía detenerse, la muerte no puede descansar. El caos debe continuar porque el caos es la partitura sobre la que se escribe la vida.

Talento.


Aquel talento indescifrable era realmente complicado y valorado por ellos, nótese todo esto, sólo su talento, no su persona...

miércoles, 23 de febrero de 2011

Un amigo dijo:


Deje de ver la felicidad como una meta última en el futuro y la comencé a ver como una colección de pequeños momentos del presente.

Me percaté de que tengo más de lo que merezco y empecé a disfrutarlo, en vez de aspirar tener más.

Shining.


You. Just shine and don`t cry.

Él.


... y él era el único caminando bajo la lluvia.

No perciben.


La gente no mira el suelo, ni al cielo, ni el alma.

martes, 22 de febrero de 2011

Temor.


Pero Yoshio no temía al peligro, sino al vacío en que transcurrían sus días.

Shangai Hotel. Vicki Baum.

Recuerdos.


No olvidaba a Fong Yung, pero ésta fue al principio como el reflejo de una rama de sauce sobre el agua tranquila, luego como el perfume de un campo de trébol recién segado al ponerse el sol, y por último, como el sonido de una flauta que se aleja de noche por el lago, hasta que al fin el oído apenas puede percibir el momento en que desaparece por completo...

Shangai Hotel. Vicki Baum.

Fragile.


Al otro lado de la sala, cerca de la puerta, estaba arrodillada Meilan junto a su hermana. Tenía el aspecto de un junco roto o de un pájaro herido.

Shangai Hotel. Vicki Baum.



Anhelo.


Sólo podía esperar. Su esperanza era absolutamente tonta, pues no se basaba en nada... Sólo en el sentimiento de que ya no quería vivir si no se cumplía la esperanza.

Lo que los hombres nunca saben. Vicki Baum.

Nadie. Todos.


También olvidarás eso, Puschel. Tienes que pensar sobre todo en tu profesión, y en los niños..., y en muchas cosas de importancia -oyó decir a Marianne. Todavía no estaba dormido.

-Lo que pasa es que nadie sabe nada de nada -dijo él. Absolutamente nada.-Abrió los ojos y miró a Marianne-. Eso es -repitió gravemente, afirmando con la cabeza.

-Así es; nadie sabe nada de nadie -dijo Marianne.

Lo que los hombres nunca saben. Vicki Baum.

Deseo.


Deseo huir, donde nadie sepa mi nombre.

Magia.


Deletreos de armonía
que ensaya inexperta mano.

Hastío. Cacofonía
del sempiterno piano
que yo de niño escuchaba
soñando... no sé con qué,

con algo que no llegaba,
todo lo que ya se fué.

Antonio Machado.

Abril.


Como sonría la rosa mañana
al sol del oriente abrí mi ventana;
y en mi triste alcoba penetró el oriente
en canto de alondras, en risa de fuente
y en suave perfume de flora temprana.

Fué una clara tarde de melancolía.
Abril sonreía. Yo abrí las ventanas
de mi casa al viento... El viento traía
perfume de rosas, doblar de campanas...

Doblar de campanas lejanas, llorosas,
suave de rosas aromado aliento...
...¿Dónde están los huertos floridos de rosas?
¿Qué dicen las dulces campanas al viento?

Pregunté a la tarde de abril que moría:
¿Al fin la alegría se acerca a mi casa?
La tarde de abril sonrió: La alegría
paso por tu puerta -y luego, sombría:
Pasó por tu puerta. Dos veces no pasa.

Antonio Machado.

Almas.


En nuestras almas todo
por misteriosa mano se gobierna.

Incomprensibles, mudas,
nada sabemos de las almas nuestras.

Las más hondas palabras
del sabio nos enseñan
lo que el silbar del viento cuando sopla
o el sonar de las aguas cuando ruedan.

Antonio Machado.

Antonio.


Me dijo un alba de la primavera:
Yo florecí en tu corazón sombrío
ha muchos años, caminante viejo
que no cortas las flores del camino.

Tu corazón de sombra ¿acaso aguarda
el aroma de mis viejos lirios?
¿Perfuman aún mis rosas la alba frente
del hada de tu sueño adamantino?

Respondí a la mañana:
Sólo tienen cristal los sueños míos.
Yo no conozco el hada de mis sueños;
ni sé si está mi corazón florido.

Pero si aguardas la mañana pura
que ha de romper el vaso cristalino,
quizás el hada te dará tus rosas,
mi corazón tus lirios.

Antonio Machado.

Please.


No me niegues la luz por la que mis ojos claman, no rechaces mi voz durante más tiempo. Hablame y oiré, susurra, llama y abriré mi puerta.

sábado, 19 de febrero de 2011

Shut up!


No me concibo en silencio.

miércoles, 16 de febrero de 2011

You and me.


Una sonrisa triste siempre oculta un triste pasado.

martes, 15 de febrero de 2011

La pluma.


Una blanca pluma cayó en su pelo, lentamente. Extendió sus dedos hasta su cabeza, tomó la pluma entre sus manos. Ambos pares de ojos se posaron sobre ella. Comenzó a juguetear con aquella pluma, a deleitarse con sus movimientos, a elevarla, a dejarla caer, a observar su lento devenir. Finalmente la dejo sobre la mesa.

-No la dejes ahí, la perderás.

-No te preocupes -respondió la voz.

Fue allí cuando su mente pareció verlo todo y logró comprenderlo. El amor, como la pluma es. Temía dejarla allí, tan libre, con la posibilidad que por cualquier pequeño descuido terminara marchándose, volando lejos. Ese temor, precisamente, era porque cariño había sentido hacia ella. Por un momento pensó en apresarla entre hojas, en guardarla entre cuadernos, sin embargo, rápidamente se negó. Había notado algo especial. Al arrebatarle aquella libertad robaba su esencia, destruía lo que en sí la hacía bella. Su libertad. Tal cual el amor. El verdadero amor es aquel que no aprisiona. Que aún al perder sigue amando, que aún al ser rechazado o ignorado incondicional se mantiene. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Pero ante todo, amor es aquella confianza y aquella fuerza interior de amar tanto como para dejar libertad de movimiento y no apresar a aquel que se ama. Sino, más bien, amarlo tanto, que sobre todo se desea su bienestar, su libertad, su alegría. Es aquel el amor más puro y sincero de todos.

-Tienes razón -respondió con una sonrisa-. No hay de que preocuparse.

-Sí. ¿Pero a qué se debe tu cambio de opinión?

-Ya lo entenderás.

Enero.


Si bien cada tarde de enero esperaba que sucediera, en su interior, sabía bien, que no sería capaz de soportar cuando el momento llegara.

Las decisiones nunca son sencillas. La elección de un camino, tarde o temprano nos aleja drásticamente de otro ¿Pero qué hemos perdido en nuestra decisión? ¿Lo que hemos ganado es realmente mayor a lo perdido? Interrogante tras interrogante. Vasto camino de dudas, nebuloso precipicio.

La tarde clareaba, el viento era una caricia interminable en su mejilla. Los pensamientos iban y venían acunados en somnolencia. Los ojos se cerraban por sí solos para luego abrirse de manera presurosa ante los rayos de luz; puertas amplias de la conciencia que lucha por mantener su conciencia aparente.

Lo esperó durante treinta días, y no llegó, pero hoy...

-Hoy es cuando, lo sé -se oyó murmurar-.

Habló al silencio. Éste le respondió con su voz que todo lo cubre, devorando sus palabras.

-Desearía no sentir una certeza tan inmensa, sin embargo, hoy, sin lugar a dudas es el día indicado. Hablo a ti, no te escondas ya más, sé que te acercas.

Las hojas se mecieron, con algo más que viento entre ellas.

Delirio.


Entre los sollozos apremiantes de la noche y la angustia que precede a la calma, entre satines y sedas, entre colchas y pesadillas la noche me abrigaba en sus brazos traicioneros. Llevaba ya tres jornadas hirviendo en medio de misteriosa fiebre, viajando en barcos proporcionados por el delirio, impulsados por el soplo de mis miedos más profundos. Tres jornadas de ensueño para los duendes que se alimentaban de mis gritos espeluznantes y lágrimas. Era sólo hace un cuarto de hora que mis ojos se habían abierto, y ante mi desfilaban horrorosos recuerdos de las imágenes que regalárame la calentura.

Cerré mis ojos con fuerza y las escenas comenzaron a hacerse nítidas, casi tangibles. Levanté el telón de mis parpados. Abrí mis ojos y los froté intentando distorsionar los sueños, pero ellos siempre permanecían allí, siempre en movimiento, siempre en acción, como una vieja película que gira y gira de forma imparable sobre un proyector, como un hierro caliente que reposa en la piel de mi memoria.

Yo, al igual que la película giré y giré sobre mi lecho, esperanzado en que quizá desde un ángulo distinto las visiones no fueran percibidas, esperanzado en que con los giros terminaría mareado, y lograría vomitar desde mis entrañas a aquellos personajes de los que me estaba volviendo esclavo. Esperanzado en expulsar a los dueños de mi terror, esperanzado en exiliar a la fuente de mi locura. Pronto fue que un líquido amargo llenó mi boca brotando entre la comisura de mis labios. Al abrir mis fauces un enorme río se vio liberado llenando por completo mi lecho. Cuán grande fue mi desilusión al ver que aún sobre mis caudales digestivos los sueños se reflejaban. Caí inconsciente, respirando sobre mi propio vómito.

Cuando desperté el aire de la habitación estaba enviciado, mi rostro cubierto de vomito y mis ropas sucias. Desde mi ventana pude observar a la luna en lo alto, mirándome a los ojos, susurrándome compasiva una respuesta. Fue allí cuando lo noté. Finalmente sabía lo que debía hacer y lo hice. La única forma de exiliarlas era recitarlas, liberarlas, expulsarlas a través de la palabra misma. Enjugue mis labios lentamente, abrí mi boca y comencé a relatar lo que afiebraba mis ojos y mi cuerpo, lo que estaba derritiendo a mi alma.

No sé cuanto tardé, no sé cuanto tiempo de vida me robaron. Un segundo, un instante, una madeja de minutos enrollada entre las manos del tiempo, mil historias que contar y entre ellas unas pocas prisioneras aún en mi interior, el resto a fuego grabadas sobre mis ojos, pero libres revoloteando sobre la nada, atormentando ahora a algún otro. Una lucha por la cual dar la vida o perderla en el intento. Un último esfuerzo por volver a ser libre.

Pronuncié con vehemencia en la soledad de mi cuarto cada una de las historias, y estás fueron cobrando vida con dolores de parto, naciendo desde mis entrañas, una a una...

Yo.


Cada día te busque, en libros, en poemas, en los ojos de la gente.

Cada día te busque, en ocasiones pensé hallarte.

Te busque al amanecer, y en el ocaso.

¿Quién diría que siempre estuviste allí, en lo profundo de mi alma?

Mi diario.


Día uno.

El cuarto es pequeño, de eso no hay duda, aunque me encuentro sumido en la oscuridad absoluta. De todas formas prefiero la oscuridad en lugar de la penumbra. En la penumbra imagino ver cosas, en la oscuridad sólo las oigo venir por mí.
Tengo hambre, no sé cuánto tiempo me tendrán en este lugar.


Día dos.

Mis pertenencias se encuentran intactas, tengo un encendedor entre ellas, podría ser útil. Lo encendí durante un momento pero este se apagó con rapidez, como si algo lo hubiera soplado. Debe ser a causa de la falta de oxígeno, el aire esta enviciado, me cuesta respirar.


Día cuatro.

No he descubierto nada nuevo. Al tercer día, mientras dormía, alguien vino y me dejó pan. He comido devorándolo. Aún tengo hambre. El agua no es problema. Hay una gotera en un rincón y el cuarto es húmedo. Creo que puedo mantenerme durante algunos días más. Hoy palpé las paredes. No comprendo. Las superficies son irregulares. No hallé algo como una puerta ni nada familiar. Quizá me lanzaron desde arriba, puede que esté en una especie de pozo. Las paredes están babosas, les crece un extraño musgo. Comí un poco pero no sabía bien. Espero no enfermar por ello.


Día cinco

He logrado capturar una rata. Tengo hambre, le he dado dos mordiscos, no puedo permitirme comer más. Pensé en comerla por completo pero preferí desmenuzarla y ocupar su grasa para hacer una vela. He logrado tejer una especie de pabilo con sus pelos. No ha encendido muy bien, pero lo hizo mejor que el encendedor. Su luz me ha permitido enterarme en mejor parte de mi situación actual. El cuarto no debe medir más de cuatro metros por tres de ancho, pero no es rectangular, ni circular. Posee una forma extraña, la desconozco, al igual que el alto que posee este sitio. En uno de los rincones parece hallarse una pequeña grieta desde donde ingresó la rata, creo conduce al exterior. Por allí, seguramente, introdujeron la hogaza de pan. Tuve que apagar la vela, se estaba consumiendo muy rápido. La próxima ocasión la encenderé cercana a la grieta, quizá así aproveche un tanto más de oxígeno y encienda mejor.


Día seis.

Estoy seguro que llegó antes que yo. Lo he intentado ignorar pero está allí.


Día siete.

El hambre es insoportable. Mordí la vela un poco; finalmente terminé comiéndola entera. No han enviado más pan y no han entrado más ratas. Tengo hambre. Tengo frío y sueño. Me pregunto cuánto tiempo él ha soportado aquí dentro. Es sigiloso. Tengo miedo.


Día ocho.

Han pasado siete días, siete noches. No se ha ido, me observa. Sus ojos me queman en la oscuridad. He querido ignorarlo pero sé que el sabe que yo sé. He dormido poco, he comido aún menos, desea fatigarme, desea arrebatarme mi alma.

I don`t.


I don`t want to be alone anymore.

Todo.


Vanidad de vanidades. Todo es vanidad.

jueves, 10 de febrero de 2011

No existe.


El sudor recorría su cuerpo, empapando tanto sus ropas como la cama. El cuarto olía a desesperanza, la angustia jugueteaba en derredor, por sobre los muebles. Lejos, donde el nombre del trueno es aún desconocido, un viejo exhalaba su último suspiro, dejando a su cuerpo inerte, una estatua de barro sin reacción ni movimiento. Aquí la suerte era otra, aunque el hubiera cambiado todo lo que poseía, inclusive su alma, por haber ignorado algunas cosas de la vida. Llevaba postrado seis años codiciando la muerte, suplicando cada noche por su llegada, pero el sabía que la muerte no existía, el sabía que la muerte no existía...

La muerte como tal no existe, es lo peor que he llegado a conocer, es lo que se le oía decir de continuo a quien se acercara a su lecho. Luego proseguía relatando como en una especie de sopor:

"Fue una noche de abril cuando lo oí por primera vez, siendo niño, no uno normal, sino uno de aquellos que descubre demasiado pronto que estará solo el resto de su vida, y desde aquel instante no hace más que envejecer con una sonrisa sobre sus labios. Uno de aquellos que se arropa rodeándose de gente, sin embargo, sabiendo en su interior que nada de eso es verdadero, que su lugar es la soledad, el autoexilio, el encierro.

Algo se movía entre las tinieblas, allí fuera algo respiraba pesadamente, sollozando por momentos. En el ambiente mismo había algo que perturbaba a las brujas nocturnas y sus vuelos, una energía que parecía aterrar al miedo mismo y calcinar la felicidad sobre un crisol maloliente. Era un fuego interno, una llama que silbaba maldiciones incesantes, juramentos olvidados de la época oscura. Era una sombra encorvada por sus miedos, un errante que entre pesadillas huía aun de la voz del trueno y del canto de la lluvia. Una figura espeluznante, que a medianoche deambulaba en busca de corazones que no se hallarán protegidos por el amor, un espectro en busca de robustas almas alimentadas por tardes de soledad y noches de llanto. En aquel entonces, si había aún algo de inocencia en mí, murió allí."

Era entonces, que callaba y empezaba a recitar lo que según su persona decía el viento entre líneas.

-Sopor ficticio, de penumbras escasas, lluvia de abril, tarde de fatiga. La sangre corría. El corazón latente, extenuado. Nada. Alegría pasajera, ausente de fantasías que a su rostro demacrado den. Ven, súmate a nosotros, lo harás tarde o temprano. Quiero dormir. Queremos descansar, jamás lo haremos. Debemos segar. Demasiado hemos observado ya...

Finalmente concluía, para luego no hablar más.

-Sé que no moriré. Que me uniré a ellos, a las voces, al viento, eternamente. Y no solo yo, todos ustedes, inconscientes obreros en los designios de "la Muerte".

El viejo estaba ya gravemente enfermo. No sobrevivió mucho tiempo más luego de mi última visita en mayo. Hoy, tanto tiempo después, solo recuerdo que en su ataúd parecía fatigado.

Manzanas.



-¡Dios mío! -murmuré, cubriéndome los ojos para no verlo-, ¿por qué lo has de hacer así?

Pero me avergoncé de mis palabras apenas las había pronunciado. Había nacido y me había criado en el campo, y sabía que no tenía derecho a enmendar la obra del Creador. Sabía que había de ser así, si el mundo tenía que continuar. Parecía que hasta las mismas abejas lo sabían y su zumbido era como un canto sin principio ni fin.

"No todos los capullos han de dar fruto", parecían decir.

Almas Borrascosas. Rachel Field.

El insecto.


Pareciera que el sol mismo brotara desde sus alas, que las frases más delicadas no dieran abasto, y que cada color entonara las melodías más dulces. Pequeño, delicado. Como la caída de un copo de nieve en pleno verano, insólito, frágil y bello.

El maravilloso insecto movíase entre las penumbras, oculto, siempre oculto. Temeroso a mostrarse tal cual con todos sus innumerables detalles tatuados sobre las alas, con sus magníficos colores y sus ligeros movimientos.

Siempre salía de noche, por precaución. Un día, hace ya mucho; decidió dar su primer y último paseo acogido por el sol. Una multitud de voces sobrecogidas por la emoción, un canto unánime de admiración y asombro. Un coro de enfermiza y dolorosa aprobación que encendió el fuego de la codicia en cada corazón. Fuego con brasas y cenizas de dolor y amargura.

La gente, la multitud rugió ante el impresionante despliegue del insecto que volaba alto, muy alto. Estiraban sus manos, alargaban firmemente sus sueños deseando alcanzar aquella belleza inexplicable. Luego, al entender que era imposible llegar hasta allí veíanse frustradas sus esperanzas.

El insecto sólo voló en silencio, y solo se alejó. Aquella extraña maravilla alada conoció el remordimiento, y por vez primera comprendió la carga tan pesada que llevaba sobre sí. Su belleza natural, aquello innato en sí parecía ilusionar y traer esperanza. Su resplandor cegaba. Su elevado vuelo producía amor, celos, envidia, codicia. Su destino al parecer no era el de moverse y mostrar su esplendor ante cualquiera.

Cita a ciegas.


-Todos necesitamos algo de lo cual sentirnos orgullosos, nuestro cuerpo, una casa, nuestra mujer, nuestros hijos, lo que sea. Algo por lo cual sentirnos mejor, algo de lo cual presumir -se detuvo un momento, pensativo-. Por alguna extraña razón es esta nuestra naturaleza, ir y venir codiciando más y más. Acumulando para quizá quién, y es que ni siquiera lo que recolectamos posee un porvenir claro. El futuro siempre es nebuloso y repleto de dudas. En fin, al parecer estamos diseñados para comportarnos de este modo, pero afortunadamente, de igual manera, nos encontramos listos para lograr soportarlo ¿Qué opinas de todo esto?

La mujer amordazada emitió un escalofriante pero silente grito, un grito ahogado en su mordaza. Lloró aterrorizada al observar el hacha acercándose a su cuerpo.

-Ohh... Por lo visto "no deseas" hablar. Si hubieras expuesto algo brillante quizá hubiéramos podido entendernos, pero al parecer, ya es demasiado tarde. No soporto a la gente como tú. Si al menos hubieras leído más en tu vida me hubieras resultado interesante, esas personas, en el fondo, son las únicas que realmente me interesan, pero...

La oxidada hacha brilló a la luz de la luna, el ambiente perfumado con odio y terror se movía espeso en todas direcciones, ondulante, sin destino, el corazón, un corazón muy al fondo de un pecho oscuro, latía a mil por hora buscando algo perdido, algo inexplicable ¿Piedad?

Sólo una sonrisa quebró la quietud de aquella apacible noche.

lunes, 7 de febrero de 2011

Como yo.


-No te preocupes, muchacho -dijo-. Eres en verdad un poco complicado y no se te puede reducir a una fórmula.

Sirio. Olaf Stapledon.

viernes, 4 de febrero de 2011

Lo siento.


No dudo de tí. Dudo de mi, incapaz de comprenderte.

Le temo al pasado.


-¿Amor, estás despierto?

Un susurro lejano llegó hasta los oídos del hombre, palabras arropadas en la calidez de aquella noche de verano.

-Mmm... ¿Qué deseas Estela?

-Deseo... deseo conversar -expectante, calló durante un momento para luego proseguir-. Tengo miedo.

Él no respondió, pero ella sabía que estaba despierto, atento a lo que diría.

-Tengo miedo a ¿cómo decirlo? Temo al pasado.

El hombre abrió los ojos saliendo de su fantasía. Se sentó en la cama, sin mirarla, pero atento. Abrió la palma de su mano como una flor se abre en primavera, y espero observando maravillado sus largos dedos.

-No le temo al futuro ya que siento que aún falta mucho por llegar a topármelo cara a cara, además, soy ingenua. Al presente, tampoco al presente. El presente no es más que un murmullo, es una voz que se extingue, uno tras otro movimiento banal, suceso tras suceso que será olvidado. El presente es la nada, es el reflejo mismo de lo frágil y estúpido de la vida. Sin embargo, el pasado...

Él aún observaba con detención sus manos. Sus párpados se cerraban en lentos movimientos. Se reclinó dejándose caer en el regazo de su mujer. Ella prosiguió.

-El pasado es todo. Es todo lo que tengo, todo lo que recuerdo, todo lo que soy. El pasado es cada movimiento que realicé, cada decisión que tomé, cada camino que deseché. Es lo que soy y lo que pude ser.
Suspiro profundamente, él, absorto y atento, entrelazó sus manos y oyó, sí, oyó como su corazón latía rápidamente. La mujer prosiguió.

- Y lo peor de todo amor es que he sido una estúpida. He llenado cada recoveco y cada cajón vacio con lo que sabía que no necesitaba.

Noctámbulo.


Sólo salía de noche. Caminaba sin rumbo, siguiendo los pasos y las huellas invisibles que el amor deja sobre las hojas, siguiendo el calor que los corazones agitados rocían en su entorno, como huellas en la arena, que tarde o temprano, borrará el viento o la mar. Sólo salía de noche por miedo de ver al amor a los ojos.
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