
Aquella mañana de Octubre el sol pareció haberse levantado con el mejor de los animos. Bien por él, yo estaba destrozado. La vida parecíame cada vez más rutinaria, fatigosa, e indolente. Mi ser no tenía la más mínima energía y no me hubiera levantado de la cama por nada, sin embargo, sabía que debía levantarme ya que de lo contrario debería hacer uso de alguna excusa y no me agrada mentir. Salí de mi casa, sin energías, sin fuerzas, pero salí.
Las gentes se movían ante mis ojos como manchas borrosas, yo, por momentos, los observaba a los ojos buscando algun indicio, alguna llama, algun fuego del cual careciera mi alma y que me hiciera sentir así, mientras que en otras instancias apartaba mi vista de ellos imaginándome que sentían en su interior, que los movía y motivaba, que hacia que salieran de la comodidad de sus sueños o el terror de sus pesadillas hasta un mundo real, que muchas veces, resulta mucho más cruel e indeferente que nuestros pensamientos más macabros. Es increible, pensé luego, cada uno de aquellos entes es un mundo independiente al mio, con sus problemas, afanes y miedos, es increible además, que todos nuestros pensamientos macabros hayan sido ya concretados por alguien. Imagine un bebe descuartizado, incineré a un anciano en mi mente, corte las alas de la libertad, el fin justifica los medios...
¿Qué me falta? ¿O quizá me sobra algo? La mente, el cuerpo, el ser humano. El conjunto. Nuestra máquina, frágil y perfecta. Cualquier tipo de variación en nuestro interior da lugar a una serie de reacciones, que pueden ser ya sea positivas o negativas. Así mismo es la vida pensé. Sentí la desesperanza del mundo a mis espaldas. Cada acción produce una reacción, cada variación genera un cambio. Hay días en los que desearía cambiar las leyes que rigen el mundo, hay días en los que deseo el poder para hacerlo. Pero al igual que todos, estoy atado, y sólo me queda seguir por los caminos que me dicta el deber. Aquel día comprendí en parte las ansias de Lucifer.
Allí fuera, aqui fuera, al igual que yo, muchos sólo se mueven por inercia, impulsados por un afán iluso de que algo suceda, se mueven y viven por ese algo que esperen llegue de una vez por todas mañana, y cambie su vida. Yo, lamentablemente, he visto como mis esperanzas se adormecen a través de los años, como mi corazón se endurece, como mis sueños se marchitan. Aun el saber que existen otros tantos como yo no logra mitigar mis propias penas.
Suspiré. Ya había avanzado lo suficiente y era hora de trabajar. Di un nuevo supiro, nada había, una vez más. Todo vano, sin sentido, perdido. Un vacío enorme, un ahogo en el corazón, un nudo en la garganta. Un ciclo y otro, y la vida igual de desdichada. Un ciclo y otro, y la vida igual de desdichada. Un ciclo y otro, y la vida... Sin embargo, nada podía detenerse, la muerte no puede descansar. El caos debe continuar porque el caos es la partitura sobre la que se escribe la vida.