
-"Vanidad de vanidades... todo es vanidad".
Sus ojos, fatigados ya por lo observado, por lo vivido. Una busqueda constante. La busqueda de aquel algo, la génesis de aquella interrogante, que al parecer, no posee respuesta.
-Las noche es seguida del día, el día es seguido por la noche. Las estrellas salen, el sol se asoma. Todo a su tiempo... todo pasa y vuelve a ser. Las obras, bajo el sol se realizan, y bajo el mismo sol son olvidadas. No hay memoria.
Solo suspiró. Sólo un suspiro en medio del silencio, un momento, que como el resto bajo el sol, caería, tarde o temprano, en el olvido.
-He buscado sentidos, he rehuído situaciones, he olvidado, he intentado olvidar, he intentado ser recordado. He intentado y en intentos se me ha ido la vida.
Calló. El silencio lo cubrió todo. Como si una gran mano se cerrará, el silencio, golpeó sus palabras alejándolas, llevándolas hasta donde nunca más serían vistas, para luego desempolvarlas y ubicarlas en los labios de algún otro acongojado.
Aquella noche la luna no lograba sonreir.
Sus miedos, todos ellos. Sus múltiples inseguridades parecieron desfilar ante sus ojos, burlándose de su vida y de su ser, de su ser y de su vida.
-¡Basta!
El silencio, nuevamente. Y él solo, siempre solo.

Mi corazón se mustia en silencio, y no sé decir por qué. Son cosas pequeñitas que nunca pide, ni entiende, ni recuerda.

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