martes, 15 de febrero de 2011

Mi diario.


Día uno.

El cuarto es pequeño, de eso no hay duda, aunque me encuentro sumido en la oscuridad absoluta. De todas formas prefiero la oscuridad en lugar de la penumbra. En la penumbra imagino ver cosas, en la oscuridad sólo las oigo venir por mí.
Tengo hambre, no sé cuánto tiempo me tendrán en este lugar.


Día dos.

Mis pertenencias se encuentran intactas, tengo un encendedor entre ellas, podría ser útil. Lo encendí durante un momento pero este se apagó con rapidez, como si algo lo hubiera soplado. Debe ser a causa de la falta de oxígeno, el aire esta enviciado, me cuesta respirar.


Día cuatro.

No he descubierto nada nuevo. Al tercer día, mientras dormía, alguien vino y me dejó pan. He comido devorándolo. Aún tengo hambre. El agua no es problema. Hay una gotera en un rincón y el cuarto es húmedo. Creo que puedo mantenerme durante algunos días más. Hoy palpé las paredes. No comprendo. Las superficies son irregulares. No hallé algo como una puerta ni nada familiar. Quizá me lanzaron desde arriba, puede que esté en una especie de pozo. Las paredes están babosas, les crece un extraño musgo. Comí un poco pero no sabía bien. Espero no enfermar por ello.


Día cinco

He logrado capturar una rata. Tengo hambre, le he dado dos mordiscos, no puedo permitirme comer más. Pensé en comerla por completo pero preferí desmenuzarla y ocupar su grasa para hacer una vela. He logrado tejer una especie de pabilo con sus pelos. No ha encendido muy bien, pero lo hizo mejor que el encendedor. Su luz me ha permitido enterarme en mejor parte de mi situación actual. El cuarto no debe medir más de cuatro metros por tres de ancho, pero no es rectangular, ni circular. Posee una forma extraña, la desconozco, al igual que el alto que posee este sitio. En uno de los rincones parece hallarse una pequeña grieta desde donde ingresó la rata, creo conduce al exterior. Por allí, seguramente, introdujeron la hogaza de pan. Tuve que apagar la vela, se estaba consumiendo muy rápido. La próxima ocasión la encenderé cercana a la grieta, quizá así aproveche un tanto más de oxígeno y encienda mejor.


Día seis.

Estoy seguro que llegó antes que yo. Lo he intentado ignorar pero está allí.


Día siete.

El hambre es insoportable. Mordí la vela un poco; finalmente terminé comiéndola entera. No han enviado más pan y no han entrado más ratas. Tengo hambre. Tengo frío y sueño. Me pregunto cuánto tiempo él ha soportado aquí dentro. Es sigiloso. Tengo miedo.


Día ocho.

Han pasado siete días, siete noches. No se ha ido, me observa. Sus ojos me queman en la oscuridad. He querido ignorarlo pero sé que el sabe que yo sé. He dormido poco, he comido aún menos, desea fatigarme, desea arrebatarme mi alma.

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