
-¿Qué hora es? -preguntó ella.
Miré al sol y respondí:
-Alrededor de las cinco.
Ella inquirió:
-¿Se entera usted de la hora, sin equivocarse, consultando el sol?
-Sin titubear -respondí.
Silencio.
-¿Cómo puede usted saber la hora cuando no se el sol?
-En tal caso consulto otras manifestaciones de los elementos. Observo el flujo y reflujo de las aguas en el mar, examino la posición de la hierba, que se humilla a determinadas horas, y averiguo con el oído las mutaciones en los trinos de los pájaros, múltiples e infinitos; determinados pájaros empiezan a cantar cuando otros enmudecen. También reconozco la hora en el aspecto de las flores, que se cierran al atardecer, y en el follaje, ora glauco ora verdinegro, de la arboleda; además percibo las horas en mi propio espíritu.
Knut Hamsum. Pan.

Mi corazón se mustia en silencio, y no sé decir por qué. Son cosas pequeñitas que nunca pide, ni entiende, ni recuerda.

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