
El sol, enajenado en el momento de ocultarse, lanzaba sus flechas luminosas, y el otoño languidecía invadiendo toda la montaña. De lejos, llegaba el rumor de la marea. Al regresar a sus nidos, los pájaros se confundían con las hojas que caían del bosque.
Lo Hua Sen. Después del crepúsculo. Cuentistas de la nueva China.

Mi corazón se mustia en silencio, y no sé decir por qué. Son cosas pequeñitas que nunca pide, ni entiende, ni recuerda.

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