
Pero no estaba hecho para eso. ¿Para qué estaba hecho? ¿Estaba hecho para algo? Recordó su desolada impresión, en los páramos cubiertos de nieve: el mundo no era más que un accidente sin sentido. Ahora, quién sabe por qué, no podía creerlo. Sin embargo, el sabio Thomas decía que nadie era para nada, que simplemente era. Pues bien, ¿qué podría ser una criatura singular como él, un puro fenómeno? ¿Cómo podría descubrir la paz de la mente, y el espíritu?
Olaf Stapledon. Sirio.

Mi corazón se mustia en silencio, y no sé decir por qué. Son cosas pequeñitas que nunca pide, ni entiende, ni recuerda.

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