
"No soy yo quien se entristece -dice Tang pi pa- sino mi propio corazón quien vive tristemente."
No tenía una sola amiga. Sólo los libros le acompañaban. Pero su pesimo preceptor no le enseñaba más que literatura clásica. Era así como se había habituado a apiadarse, como los antiguos, del destino del mundo.
No tenía una sola amiga. Sólo los libros le acompañaban. Pero su pesimo preceptor no le enseñaba más que literatura clásica. Era así como se había habituado a apiadarse, como los antiguos, del destino del mundo.
Señorita Ping Sing. Tedio. Cuentistas de la nueva China.

Mi corazón se mustia en silencio, y no sé decir por qué. Son cosas pequeñitas que nunca pide, ni entiende, ni recuerda.

No hay comentarios:
Publicar un comentario